Archivo mensual: septiembre 2014

Una breve historia

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LAURA

Más de veinte años hace que Laura trabaja en Londres y por las vueltas de la vida volvió la semana pasada a Buenos Aires. Momentos difíciles le esperan.
Buscando donde vivir descubrió con gran sorpresa que la casa de su infancia estaba en venta. La imagen del jardín le llega veloz: tan soleado en su extensión, como sombreado por los añosos plátanos que aquí y allí se alzaban cual vigías estáticos. Recuerda sus juegos de niña, con hermanos y primos en los anocheceres veraniegos, entre aquellos árboles que visualizaba como un imponente laberinto. Allí esta agazapada tras alguno de ellos, para no ser percibida y ganar así a la escondida. Escucha a los pájaros volviendo a sus nidos con sus trinos altisonantes a la hora del crepúsculo. Parte de su historia estaba allí.
En una tarde de cielo plomizo, que cae denso encima de cuanto cubre, con una comisionista llegó hasta su umbral. Se erizó la puerta crujiente como su cuerpo entero al enfrentarla. Tantas veces había pasado por ella. Salía al mundo frío e inhóspito de aquellos años de posguerra. Volvía al cobijo de su hogar, junto al amor de sus padres y hermanos, más la infaltable María, su amiga predilecta, niñera de siempre. ¡Cuánto los extrañaba! Su ausencia introdujo el dolor a su vida hace ya tiempo.
A pocos pasos de la entrada percibió el olor a soledad y vacío en sus paredes, así estaba ella por dentro también. Sola. Con la mirada hacia el corredor escucha su risa infantil, muñeca en mano, que con pasos eléctricos corre en busca de los brazos amplios y seguros de María esperándola con el cariño de siempre. ¿Soy la misma Laura de ocho años? porque me miro y siento el inmenso dolor que me invade. Sus ojos reflejaron el llanto contenido.
La joven a cargo del negocio fue a lo importante: comodidades: varias. Ventajas: insuperables. Precio: acorde. ¡Era toda una oportunidad!
Laura estaba en otro momento. Y no podía, o no quería, volver a la realidad. Oía la voz pero sin entender qué le decía. Sigo siendo niña, ahora con quince años, frente a mi fiesta. Presentada en sociedad, como es costumbre. Me siento una reina. ¿No lo soy acaso? El vals tan fluido con mi padre susurrándome frases únicas. Si hasta escucho los violines con los acordes del Danubio Azul.
Súbitamente, sus ojos captaron el fulgor de un relámpago y en eso, su corazón se detuvo ante el estruendo del aquel sonido que sacudió todo su cuerpo, como si un proyectil hubiera caído sobre ella misma desterrándola de aquel espejismo. Tambaleó mareada y quedó pensativa por unos segundos. La mujer de la inmobiliaria la sostuvo impidiendo que trastabillara.
Atisbo un soplido en mi interior, como viento impetuoso, ahora sí miro hacia adelante, descubro la vida y acepto el desafío. Peldaño será el pasado enriquecido desde ahora, admitió. Ya no se sintió sola.

Felicitas Walker

03/09/2014

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